Sep 15

Por J. M. L. Romero

    

Vicent Serra     Vicent Joan Serra Ribas fue reelegido en junio presidente del Colegio de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación (nueva denominación de ese oficio) de Ibiza y Formentera. Por delante tiene otros cuatro años de mandato, los últimos, en los que debe afrontar la crisis más aguda que ha sufrido la construcción en las islas.

     Vicent Serra posa serio, el rictus casi enfadado, cuando es fotografiado, aunque es una persona risueña y afable. Antes de la entrevista, él mismo conecta el aire acondicionado en la renovada sala de actos de la sede del Colegio de Aparejadores en la calle Ignasi Wallis de Ibiza, recién reformada y en la que el calor es sofocante porque, debido a que las obras todavía no han concluido del todo, aún no se pueden conectar todos los climatizadores. Precisamente, el Colegio apuesta por reformas como la ejecutada en su edificio para compensar la sustancial bajada de la construcción registrada en el último semestre.
— ¿Por qué cree que se construye menos?
— Hay dos factores. Principalmente es sólo uno: porque hay una crisis económica mundial, hay menos ganas de invertir, no hay liquidez en los mercados y, esencialmente, antes la gente se pasaba por los bancos y enseguida le daban un crédito, pero ahora no. Todo se ha ido frenando hasta que ha quedado parado. Hay menos empleo, menos dinero, se compra menos. Y si quieres comprarte un piso, se te quitan las ganas porque vas al banco y todo es muy complicado para que te den un crédito. Antes eran menos estrictos, pero ahora, si no tienes un patrimonio y un salario fijo, no te lo dan. Eso, por un lado. Por otro, la aplicación del Plan Insular Territorial en suelo rústico provoca que se construya cada vez menos viviendas unifamiliares. Entre otras cosas, el Plan dice que si tienes un terreno, cuando parcelas, la siguiente parcela debe ser el doble que la anterior, y la siguiente, el doble de la anterior. Los terrenos que reúnen esos requisitos son cada vez menos, y por tanto se construye menos. De todas formas, lo que tiraba de la construcción nunca ha sido el suelo rústico, ni nunca debe ser así, sino el suelo urbano. Urbano aún queda, poco, pero queda. Lo que pasa es que no hay movimiento, por la crisis.
Algo tendrán que ver los precios en esa falta de movimiento.
— No creo que bajen los precios. Pueden bajar algo los de segunda mano, que están muy hinchados, pues casi valía lo mismo un piso de primera mano que uno de segunda. Los de primera mano se pueden ajustar, pero no creo que bajen mucho. Entre otras cosas, porque queda suelo urbano, pero no mucho. Por suerte o desgracia, Ibiza y Formentera son unas islas muy agradables para vivir y siempre viene gente con un poder adquisitivo mayor que paga esos precios. Es difícil, por tanto, que bajen.
No cree que desciendan, ¿pero deberían bajar los precios?
— Eso lo marca el mercado. El porcentaje mayor, sobre un 30%, es lo que vale el suelo de una vivienda. Ha habido permutas en las que se ha llegado a pagar hasta un 40%, lo cual es excesivo, cuando en otros sitios el precio del suelo supone el 10% del precio de la vivienda. Y el suelo vale lo que vale en Ibiza porque si algo escasea, aumenta su valor. Por tanto es lógico que suba. Sería perfecto, ideal, que todo bajara, pero lo veo difícil. Tampoco me parecería normal porque el suelo urbano que tenemos es limitado y sólo puede crecer poco más.
¿Cómo saldrán las Pitiusas de la crisis?
— Lo suyo sería fomentar planes de rehabilitación o incentivar las reformas en obras existentes. Eso daría trabajo a los técnicos y fomentaría la rehabilitación de los cascos antiguos, no sólo los históricos, de Sant Antoni y Ibiza. Estaría bien que se aportara dinero en forma de subvenciones para que los particulares pudieran iniciar esa obras. Daría trabajo a la construcción y a los técnicos. No obstante, es muy difícil tapar el agujero de la construcción privada con inversión pública. La inversión pública tiene que incentivar la inversión privada. Hacer colegios ayuda, mejor eso que nada, pero el agujero es tan enorme que eso no sirve para taparlo. Estas épocas de crisis lo que hacen es resituar el mercado. Lo que se venía construyendo en 2006 y 2007 era un nivel que no se podía mantener. Ahora estamos a un 25% de esos años. No debería ser ni tanto ni tan poco. Lo ideal sería subir un poco más y tener una construcción más sostenible.
¿El Plan E, es un parche o sirve para algo?
— Funciona. Tiene bastantes fallos, pero muchas virtudes. Fallos porque dice que hay que contratar a gente en paro, pero puede haber empresas que si no trabajan mandarán a sus empleados al paro. La ventaja es que aporta liquidez a los municipios rápidamente. Todo lo que sea crear obra, pública o privada, me parece bien. Si volviera a salir otra opción del Plan E, vendría bien.
¿Y ha beneficiado de alguna manera a los aparejadores?
— Se han hecho algunos proyectitos, algunas obras, pero no lo hemos notado mucho porque en muchas intervenciones la dirección la han absorbido los mismos municipios.
¿Ve brotes verdes? ¿Para cuándo espera la recuperación?
— Brotes verdes no veo, no se ven mucho. No pensaba que bajara tanto la obra estos primeros seis meses. Hemos caído un 65 por ciento, que será a finales de año un 50%. Esta diferencia puede parecer que se debe a una recuperación, pero no. Es porque el primer semestre del año pasado la caída no fue tan fuerte como en el segundo. Al final es una cuestión macroeconómica, que los bancos aporten más dinero, por ejemplo. Lo bueno que tienen las Pitiusas es que no tenemos mucha bolsa de edificación construida en el mercado, no hay mucho remanente. La bolsa de vivienda para vender no es grande. Hay alguna, en algunas zonas, pero en general, comparado con Mallorca, es poco. Más si se compara con la Península.
¿En qué beneficia esa situación?
— En que cuando empecemos a salir de la crisis lo que primero se venderá antes de iniciar el repunte es lo que ya está construido, para luego iniciar nuevas promociones, aunque sean de reforma. Pero si no hay nada por vender, la actividad económica se recuperará antes. En Mallorca, hasta que no vendan lo que les queda por vender, los promotores no construirán nada nuevo. Ibiza podría recuperarse, pues, de una manera diferente a otros lugares.
¿Cuál cree que es la superficie de construcción aceptable sin llegar a los niveles de 2006 ni a los que hay ahora?
— Todo depende de cómo esté estructurada la industria. Como en 2006 no es aceptable. Lo ideal sería que en la construcción se invirtiera casi todo en rehabilitación y reformas. Eso sería el mundo ideal. Y lo ideal sería, en parámetros de superficie, entre como estamos ahora y lo de 2006, ni tanto ni tan poco, como en 2001, cuando alcanzaba los 350.000 metros cuadrados. Lo ideal sería que esos metros no fueran de obra nueva, sino en rehabilitación y reforma. Hay trabajo por hacer y, a la larga, se irá hacia ahí. Cuando baje la vivienda de segunda mano, lo lógico será que a la gente le salga rentable acondicionar su edificio, rehabilitarlo, para tener una vivienda de primera mano en un lugar donde había una de segunda mano. Hasta ahora no se invertía en rehabilitación por eso, porque el promotor privado podía vender al mismo precio una vivienda vieja que la nueva.
¿Servirá la crisis para reflexionar y encaminar la construcción hacia un nuevo modelo, o en cuanto se recupere la economía habrá, de nuevo, barra libre?
— No creo que se vuelvan a dar el caso del 2006, especialmente porque no queda suelo. Tampoco era lo ideal, pues, queda mal decirlo, gran parte del dinero de lo que se construyó no se quedó en la isla. Lo ideal sería que gran parte del dinero que se genere recayera en aquí, no en empresas de fuera. Y lo que va bien es estabilidad en normativas y leyes. Si modificas leyes y creas inseguridad jurídica, mucha gente inicia una promoción cuando no la necesita o hace una obra cuando no la necesita simplemente porque tiene la inseguridad de saber si dentro de cuatro o cinco años podrá construirse esa casa o promoción. Si hay una época larga de seguridad jurídica, no creo que tenga que repetirse. Cada vez que hubo una moratoria, se produjeron empujones para sacar licencias.

      

Cortesía de Diario de Ibiza     diario-de-ibiza-logo

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